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05:15h. Lunes, 26 de agosto de 2019

Ingredientes que harían fracasar cualquier investidura

Pasan los días y se empiezan a conocer fehacientemente las condiciones que rodearon las negociaciones entre el PSOE y Unidas Podemos. Apenas un mes antes, Pablo Iglesias, había degrado de sus funciones a Pablo Echenique "por su desastrosa gestión de la Organización y por los nefastos resultados electorales". Esa fue su peculiar autocrítica por haber perdido 1,3 millones de votantes y bajado de 71 diputados a apenas 42. Pues bien, ese fue el hombre designado por Iglesias para la negociación al "más alto nivel", sólo él, frente al equipo del PSOE compuesto por la vicepresidenta Carmen Calvo, la ministra de Hacienda, M.J Montero y la vicesecretaria del PSOE, Adriana Lastra. Claro, para hacerse valer Echenique tuvo que recurrir a los desplantes, a no coger el teléfono, y una serie de faltas de cortesía política harto insoportables.

Ahora se entiende por qué, en casi todas sus intervenciones públicas, el Presidente del Gobierno en funciones, Pedro Sánchez, recuerda: "en democracia las formas son tan importantes como el fondo". El pasado viernes, 26 de julio, con el shock del fracaso de la Investidura aún caliente, Izquierda Unida emitía un comunicado en el que culpaba tanto al PSOE como a Podemos de la situación y de no haber puesto más empeño en sellar un acuerdo que consideran importantísimo para el país y para los ciudadanos. El propio Alberto Garzón intervino en los últimos compases de la negociación y no dio crédito a lo que se encontró dentro de su coalición y tuvo la constatación de que se le había estado retransmitiendo los acontecimientos en una versión "poco original".

Durante el fin de semana, el diario El País hizo un pormenorizado relato con los mensajes y ofertas que se intercambiaron los grupos negociadores de ambos partidos. Por no decir, el grupo socialista y el emisario de Iglesias, con un solo mensaje, "si no tenemos una vicepresidenta" con nombres y apellidos y "nos dejan elegir cinco ministerios", no se negocia nada. Pero sólo hasta este martes, 29 julio, cuatro días después de la investidura fallida, no se conocían los detalles de todo lo que ocurrió. Ahora, desde las filas del partido de Garzón han decidido escenificar su desacuerdo con las posiciones oficiales de Iglesias y Echenique y expresar su postura, más próxima a los anticapitalistas de Urban, Teresa Rodríguez o Kichi.

Reconocen que hasta el sábado 20 de julio fue cuando se iniciaron formalmente las negociaciones porque “todo empezó mal”. Pablo Echenique, que solo un mes antes había sido degradado por el propio Pablo Iglesias, "por su desastrosa gestión de la Organización y por los nefastos resultados electorales", fue la persona elegida por el líder morado para negociar con la cúpula del PSOE y del Gobierno, ya que el propio Iglesias no accedió a verse con la vicepresidenta Carmen Calvo, él insistió "de Presidente a Presidente". Y sólo accedería a volver a hablar con Pedro Sánchez, hasta que Calvo asegurara que Irene Montero tendría una vicepresidencia social.

Las socialistas no daban crédito ante tantas exigencias y tan fuera de la realidad, y mucho menos por los métodos que estaban utilizando. Pero urgidos por la imperiosa necesidad de llegar a un entendimiento entre las izquierdas y evitar a los votantes progresistas el bochornoso espectáculo de no entenderse, decidieron hacer de tripas corazón e ir aceptando rebajes. No es que se empezara a negociar tarde porque Sánchez no quiso sentarse, o porque estuviera viajando a Kosovo al G-20, o a la cumbre de la Unión Europea, es que UP nunca presentó documento alguno para iniciar una negociación seria y ni siquiera nombró equipo oficial negociador. Ione Belarra, actuó como una suerte de portavoz o colaboradora de Echenique, pero cuando María Jesús Montero y Carmen Calvo la llamaron, tuvieron que insistir durante tres horas, y no se dignó a coger el teléfono. "Yo no tenía autorización para coger el teléfono, era Echenique el encargado". Estas peregrinas explicaciones van dando idea del relato pero sobre todo del nivel de lo que debería de haber sido la negociación de más alto nivel del Estado.

Para demostrar su “fuerza” en Unidas Podemos decidieron que no iban a acudir con celeridad a reunirse con la vicepresidenta del Gobierno, sino que harían que la ministra esperara lo que ellos considerasen oportuno. El lugar elegido de la reunión fue un hotel de San Sebastián de los Reyes ya que Calvo tenía previsto participar en un programa de Atresmedia y por eso eligieron un lugar cercano a la sede de la cadena de televisión. Pero allí, plantada, quedó la vicepresidenta socialista y ministra de Igualdad, Carmen Calvo durante tres largas e interminables horas. Sin dar crédito, una vez más. Incluso llamaban por teléfono y desde UP no se lo descolgaban.

Estos detalles los narró Calvo muy posteriormente, al final ya de la investidura, cuando Pablo volvió a decir no y de nuevo abortó la creación de un gobierno progresista y de un presidente socialista. Y hasta el momento, nadie ha podido desmentirlo ya que es fácil de probar con testigos, llamadas, etc. Desde IU, socio de Unidas Podemos, quisieron saber las causas del retraso y como contestación le dijeron a Alberto Garzón, algo así como "que se jodan". Este término ha sido apuntado por algún medio, pero difícil de constatar. De hecho, en los días posteriores, las redes sociales de los identificados como "inscritos" (en Podemos) se han llenado de insultos y provocaciones a la vicepresidenta Calvo.

Incluso después el propio Echenique confirmó ese plantón de tantas horas, y eso que la investidura se celebraría solo dos días después, por lo que no había tiempo que perder. Si bien, ya anteriormente el propio presidente del Gobierno, había aclarado, con pelos y señales que en las cinco reuniones y comunicaciones vía teléfono que había tenido con Iglesias, éste no estuvo dispuesto a crear un equipo negociador para sentarse a discutir unos acuerdos de programas y competencias, que llevaran a designar las personas responsables y nombramientos. Iglesias sólo quería carteras ministeriales, y que su nombre estuviera escrito en la de Vicepresidente. Hasta que Sánchez no dijo abiertamente que Iglesias era el principal escollo, y explicó en Telecinco, las razones, por parte de UP habían hecho perder unas maravillosas semanas. Pero finalmente, Iglesias cambió su nombre por el de Irene Montero. El PSOE aceptó envite y ellos nos sitúa en la cafería del hotel de Alcobendas esperando a Echenique. Entrar a una negociación así es la mejor forma de mandarla al traste incluso antes de empezar.

Finalmente, llegó el encuentro pero como para "abrir la negociación", al ser de tan vital importancia para los intereses de los españoles, plantearon que Irene Montero, que como todo el mundo sabe tiene altísimo nivel curricular y una amplísima experiencia en gestión pública, de Irene Montero, tenía que tener asegurada una vicepresidencia social, con una comisión delegada y competencias transversales en la mayoría de los ministerios. Pero, las exigencia por parte del representante de UP, no quedaron ahí. El secretario general de Podemos consideraba que con su renuncia a entrar en el Gobierno estaba en una posición de fuerza y entendía que su apoyo parlamentario debía ser pagado a precio de oro. Su veto por parte de los socialistas sentó muy mal a Iglesias que veía como sus anhelos de poder ser vicepresidente se desvanecían. Captó la necesidad imperiosa de los socialistas por formar Gobierno y no dejar opción a la repetición de elecciones (por respeto a las urnas y a los españoles) decidió, como otra muestra de dejar claro quién manda. También está verificado que no cogería el teléfono a los socialistas durante las conversaciones, salvo al presidente del Gobierno y no siempre de forma inmediata, a veces jugando al juego de dejar pasar hora. Las negociaciones no avanzaban, se quedaron en el punto en que Podemos exigía cinco ministerios -entre ellos Hacienda y Trabajo- y parcelas del Gobierno que significaban controlar más del 60% del gasto público y el 100% de los ingresos y su líder estaba “missing”.

Los intentos por llegar a acuerdos condujeron al asimétrico grupo negociador hasta el mismo martes, 22 de julio, día de la primera votación, pero tras lo acontecido en la Cámara baja cuando en una actitud muy agresiva, Iglesias dinamitó cualquier oportunidad para el acuerdo, todos se dieron cuenta que el futuro Ejecutivo de coalición estaba muerto antes de empezar siquiera. "Usted nunca será Presidente si no se pone de acuerdo con nosotros" vino a decir Iglesias.

Ante las dificultades, Alberto Garzón decidió actuar para intentar que se recondujeran las negociaciones y lo hizo llamando a María Jesús Montero con quien tiene una buena relación al coincidir ambos en la Comisión de Hacienda del Congreso. El líder de IU no daba crédito a lo que sucedía ni a las formas de negociar de sus compañeros. Por eso, acordó con Montero que el PSOE cedería el ministerio de Igualdad a cambio de llegar a un acuerdo. Pero ni eso funcionó. El cabreo de Garzón fue mayúsculo y decidió convocar a los suyos para decidir el sentido del voto en la segunda votación de la investidura. Garzón estaba por el sí, pero finalmente se decidió la abstención para no romper definitivamente con su grupo parlamentario. A día de hoy, sólo cinco días después de la frustrada Investidura, Garzón coincide con los anticapitalistas y otras confluencias de Unidos Podemos, en que hay que "hacer un acuerdo programático con el PSOE, y obligar desde fuera a que lo cumplan". El escollo sigue siendo Pablo Iglesias.

Como lo fue en 2016 para entregar el gobierno en bandeja de plata a la derecha de Rajoy, en aquel momento con numerosos casos de corrupción. Como lo fue para dar al traste con la reelección de Carmena. Como lo fue su silencio cuando su única representante en La Rioja, abortó un gobierno de izquierdas (15 escaños PSOE, 1 IU, 1 Podemos) al otro lado 16 escaños sumando PP y CS; el voto de UP -un solo voto- era decisivo. Por ese voto pidió 3 Consejerías, como no se las dieron, no hubo gobierno progresista. ¿Qué dijo Iglesias aquel día a Pedro? "Que él no podía controlar a sus escaños en los territorios". Si no puedes garantizar el control de los tuyos, ¿qué estás ofreciendo entonces para conformar un Gobierno serio, sensato, progresista y estable?. Esto no es juego de tronos señores. Para venir a "regenerar de este modo la democracia", lo mismo vale para Rivera, más vale que se hubieran quedado en sus casas.