Buscar
06:50h. Jueves, 14 de noviembre de 2019

Hablemos claro, esta invasión pactada hay que pararla. Durante estos últimos veinte años el boom ha sido descomunal y no solo por la presencia indiscriminada de esos menores mal llamados MENA, que pone en jaque la seguridad de toda una ciudad, sino porque a estas altura ya hacen gala de una total impunidad y unos niveles de consentimiento de sus comportamientos realmente insultante para la gran mayoría de los ciudadanos.

Esa impunidad y consentimiento tiene como consecuencia directa el lamento por el fallecimiento de un chico de quince años, que jamás debió encontrarse en el lugar en el que por desgracia encontró la muerte, algo que dada la actual situación y de no mediar lo casi milagroso es extraño que no ocurra con más frecuencia en una zona que se supone de acceso restringido precisamente por lo peligroso y complejo de las maniobras de carga y descarga y continuo tránsito de vehículos pesados que en ella se producen.

Desde luego que todo esto no tiene más responsable que Juan Vivas y su gobierno quienes visualizaron siempre este problema desde el cortoplacismo y en función del beneficio económico que todo este asunto de los menores le podía reportar, según sus cálculos, errores a todas luces, a la Ciudad. Así es, cuando estuvieron en disposición de parar y corregir el problema, miraron para otro lado en especial el de la caja contable y nunca al temporizador de la bomba de relojería que con el paso de los años ha acabado no explotándole solo en sus manos sino en la cara de todos los ceutíes.

Es solo ahora cuando el problema ya ha reventado con todas sus consecuencias que el Gobierno de Juan Vivas con excusas de tripero y de mal pagador que quiere quitarse el mochuelo de encima endosándoselo al primero que pase doblando la esquina, algo que les está resultando tarea imposible, porque eso es lo que tienen los “marrones” que suele bastante complicado colocárselo alegremente a los demás, máxime cuando habiendo tenido la posibilidad de colocárselo a un gobierno nacional de su cuerda, no lo hizo, mucho menos lo va a conseguir tratándose de un gobierno de signo teóricamente opuesto.

Con lo que si al desastre generado por la nefasta gestión de los MENA le unimos la no menos desastrosa gestión de esos empadronamientos fraudulentos, que tienen sumida a la ciudad en un verdadero caos demográfico ya tenemos el cóctel explosivo perfecto. Sin duda que Juan Vivas, por contra de lo que en sus ensoñaciones se esperaba, será recordado las generaciones venideras como aquel que pudo pero no quiso.

Así están las cosas tras esos cacareados y festejados dieciocho años de improductivo y absoluto poder del señor Vivas, cierto es que aires de cambio se perciben en el horizonte, quedándonos la esperanza de la proximidad de unas elecciones en las que este sufrido pueblo podrá darse una nueva oportunidad quizá una de las últimas en las que los ceutíes consigamos poner punto y final a éste controvertido periodo histórico de nuestra Ciudad dominado por un alcalde que deja una Ceuta bloqueada, desmoralizada y arrinconada contra las cuerdas.