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07:38h. Domingo, 22 de septiembre de 2019

Sobre las palabras de Mayda Daoud

Tal vez el cálculo político aconseje callar ante ciertas cuestiones que pueden resultar excesivamente complejas. Sin embargo, en Podemos rechazamos mantenernos en silencio ante las situaciones que nos parecen injustas. Y la utilización política que desde el Partido Popular se está haciendo de las palabras de la Vicepresidenta Segunda de la Asamblea, Mayda Daoud, resulta intolerable. La manipulación emocional basada en la guerra de banderas de los de Juan Vivas, intensificada por la línea adoptada por su nuevo presidente estatal, Pablo Casado, es un insulto a la inteligencia y a la decencia política.

Cierto es que las palabras de la diputada socialista han podido ser desacertadas en la forma. Decir que Ceuta “es racista en sí” está muy cerca de la brocha gorda. Es difícil y poco concreto hablar de lo que “es” una ciudad. Pero la posible falta de rigor analítico de unas declaraciones no debe hacer que nos quedemos mirando el dedo en lugar de mirar a la luna. Con su comentario, Mayda Daoud, señala un problema que debe ser analizado y tratado. Con mesura, sin intención de confrontación, con total naturalidad y ánimo de avanzar hacia la Ceuta intercultural que, sin duda, la mayoría de nuestros vecinos y vecinas desean.

Si los edificios institucionales y las estructuras políticas se caracterizan por algo es, precisamente, porque funcionan al margen del comportamiento individual de cada ciudadano o ciudadana. Decimos que algo es estructural cuando, independientemente de nuestra “forma de ser” individual, las inercias sociales avanzan en una dirección fija y determinada, haciendo “natural” los roles que cada uno de nosotros desempeñamos en la sociedad, los papeles que hemos “naturalizado” que debemos ocupar. Así, asumimos que es normal y “natural” que en una población en la que el 50% es de confesión musulmana, sea este colectivo el que, de manera absolutamente mayoritaria, se vea golpeado por el fracaso escolar, el desempleo, la marginalidad y la pobreza; vemos “natural” que nuestra “muchacha” (término con el que nos referimos a las trabajadoras del hogar) sea musulmana y, en la mayoría de los casos, trabaje sin disfrutar de los derechos asociados a un contrato de trabajo; vemos natural que apenas haya musulmanes en los puestos de la Administración Pública, en la docencia, en las profesiones liberales mejor remuneradas y que exigen mayor preparación, etc. En definitiva, vemos normal y nos parece que en ningún caso merma la convivencia el hecho de que una mitad de la población viva muy bien, disfrute de los mejores trabajos y tenga una posición socioeconómica que le permite adquirir una papel “dominante” y que exista otra mitad (de distinta confesión) condenada a ocupar un rol de subalternidad, consecuencia directa de su posición en el diseño social.

Esta realidad ocurre al margen de que en nuestro día a día seamos absolutamente abiertos, empáticos y solidarios. Ocurre al margen de que nuestras actitudes individuales sean o no sean racistas. En nuestra ciudad existe una estructura que produce una realidad social absolutamente desigual e injusta. Esto es algo que, a la luz de los datos y los hechos, resulta innegable. Y es con lo que, si somos responsables y anteponemos el futuro de nuestra ciudad a la lucha partidista, debemos quedarnos de la intervención de la diputada Daoud.