Vox, doce escaños contra las mujeres

Llevo días escuchando distintas opiniones acerca de los motivos de la pérdida de votos de la izquierda en Andalucía y de la entrada de Vox en el Parlamento. Ideas contradictorias y otras acertadas, ideas de  asimilación de errores e ideas de señalización con el dedo a posibles culpables. Y lo cierto es que pudiera haber un poco de todo o bastante de nada, pero no menos cierto es que lo que ha pasado en Andalucía es solamente un reflejo del panorama que asoma desde hace tiempo en Europa y que ha llegado a una España cada vez más cansada y harta del juego político contradictorio y confuso.

Quizás es ahora cuando debería afirmar que el tonteo del PSOE con el independentismo y su agonía por agotar la legislatura pudiera ser una de las posibles consecuencias, pero creo que de nada serviría mi opinión si luego no se acompaña de propuestas y medidas, algo que voy a dejar a nivel interno. Eso sí, mi absoluto respeto, admiración y apoyo a Susana Díaz, la candidata que sí ha ganado las elecciones y, por tanto, está legitimada para continuar dando la batalla e impedir que la ultraderecha xenófoba y misógina acabe aplicando algo de su programa electoral.

Un programa al que dudo que hayan accedido para leer quienes votaron a Vox, porque de lo contrario me avergonzaría de todas esas personas insensatas que no han medido las consecuencias. Y no, no me vale eso de la democracia y la libertad de opinión. No me vale eso de que estamos en un país libre donde todas las ideas suman, porque aunque defenderé siempre el derecho individual a la propagación de una ideología, y el respeto a las urnas, jamás podré ser tolerante con el odio y la privación de los derechos que tanto nos ha costado conseguir.

El muro no hay que ponerlo en la frontera, el muro hay que ponerlo en la negociación con quienes pretenden que existan familiares que no puedan sacar de las cunetas a sus seres queridos, el muro hay que ponerlo con quienes quieren tratan a los inmigrantes como animales y con quienes quieren situar a las mujeres en un estado inferior de sumisión y desigualdad. Un partido que odia a las mujeres y que quiere acabar con la Ley Integral contra la Violencia de Género es un partido incapacitado democráticamente para ocupar un escaño en unas instituciones que tienen que velar por la igualdad. Por no hablar de la supresión del matrimonio igualitario y el fin del derecho al aborto, entre otras cuestiones políticas que nos lleva a una centralización propia de la época de Franco. Y recuerdo que tocar el aborto llevó a Gallardón a dimitir. 

Así que, este artículo es un grito a la lógica, a la fuerza y a la unión feminista. Vox tiene miedo a las mujeres porque somos las únicas capaces de dar un vuelco a la historia, como siempre lo hemos hecho. Guerreras, independientes y con derecho a decidir, no vamos a permitir la actitud patriarcal de quienes ven el género femenino como una amenaza, cuando lo único que es letal para la democracia es lo que nos hace una sociedad denigrante y sin valores. 

Sinceramente, no sé cómo pueden tener conciencia el Partido Popular y Ciudadanos si piensan sentarse con quienes acusan al feminismo de yihadismo y con quién le dijo a una mujer  «a esta desgraciada no creo que nunca la violen ni en grupo, ni en cuadrilla, ni con alevosía o nocturnidad». 

Desde luego, que si esta es la bandera que defienden, no es para sonarse los mocos en ella, es para vomitar. 

Pero tranquilidad, cuando vuelvan a asesinar a una mujer harán su minuto de silencio. Todo por un cargo, todo por el poder, todo muy mezquino, si.

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